domingo, 6 de abril de 2014

"Se podía permitir decirse que se sentía feliz."

Miraba el agua caer desde su ventana. Era el segundo día que llovía y a ella eso le encantaba, le gustaba ver la lluvia caer y el olor que esta dejaba, sentía su alma tranquila cuando los días eran así. A veces salía a andar bajo ella por el simple placer de sentir como el fresco agua de la naturaleza la despertaba de sus pesadillas reales y como despejaba su mente. La gente la miraba como si estuviera loca, a veces los veía mirarla raro, otras veces los escuchaba murmurar sobre ella; “Esa chica va a coger una pulmonía, está loca por andar bajo la lluvia en este frío invierno.” Ella solo sonreía, sonreía despreocupada. Ladeaba una sonrisa en sus labios sin mostrar sus dientes con sus manos metidos en los bolsillos de su gabardina preferida, su gabardina verde, siempre desabrochada por cierto, pisando los charcos que se habían formado en el suelo, no la importaba porque se ponía sus botas de agua favoritas, aquellas que le recordaban a tiempos felices. Entonces se para ahí, en mitad de la calle cuando apenas hay gente, extiende sus brazos y alza su cabeza hacia el cierro cerrando sus ojos dejando que el agua mojase su rostro, pues su pelo llevaba ya unos minutos chorreando agua por las puntas. Y ahí, en mitad de esa calle, en aquella posición y de aquella manera, ella se sintió libre y feliz después de mucho tiempo, sintió que era su verdadero yo, y sin remordimiento alguno, se permitió lanzar una carcajada al aire soltando todo el aire que sus pulmones contenían, simplemente quería olvidar las preocupaciones de su día a día. Después de mucho tiempo, se podía permitir decirse que se sentía feliz. 

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