No tenían muchas cosas en común, sus edades eran distintas, sus maneras de caminar no coincidían y mucho menos la estatura, casi nunca pensaban igual, tenían ideas muy diferentes, él era dueño de si mismo, ella una insegura. La vida les sonreía, (esa era una de las pocas cosas que podían compartir) y bueno sus manos, parecían haber sido hechas como piezas exactas para encajar una con otra, y así le devolvían la sonrisa a la vida, con los dedos entrelazados y mirando en la misma dirección, como quien espera más de lo que tiene.
Consejos, experiencias, opiniones, vivencias... Toda clase de relatos acerca de aquello a lo que llamamos "vida".
lunes, 26 de enero de 2015
"No tenían muchas cosas en común"
No tenían muchas cosas en común, sus edades eran distintas, sus maneras de caminar no coincidían y mucho menos la estatura, casi nunca pensaban igual, tenían ideas muy diferentes, él era dueño de si mismo, ella una insegura. La vida les sonreía, (esa era una de las pocas cosas que podían compartir) y bueno sus manos, parecían haber sido hechas como piezas exactas para encajar una con otra, y así le devolvían la sonrisa a la vida, con los dedos entrelazados y mirando en la misma dirección, como quien espera más de lo que tiene.
domingo, 25 de enero de 2015
Difícil, no imposible.
Y es ahora, desgraciadamente ahora, cuando me pregunto qué será de mi vida tras haberse roto todos mis planes, tras haberme imaginado una vida a su lado, tras dolerme tanto el alma y mi corazón ser derrotado.
Qué injusto ¿no? Dar todo por esa persona, entregar hasta el más mínimo centímetro de ti, dedicarle tu tiempo, tu amor, y acabe todo, y tú sin querer vivir.
Es difícil, me dijeron que no imposible, ha pasado un año, y mi corazón no lo consigue, no consigue olvidarte, pues mi mente le repite "olvídate y sigue adelante" pero hasta en sueños me persigue.
Aún recuerdo su amor, pero también recuerdo su maldad, recuerdo su mirada, también su forma de gritar.
Recuerdo sus golpes, contra el volante, sin parar, recuerdo mi miedo, cuando le hacía enfadar.
Era torpe para él, una idiota, a veces, siempre que podía, me desvaloraba con creces, él gritaba mientras lloraba, pero cuando le extraño, sólo recuerdo, cuánto le amaba.
Cuántas veces le rogué que cambiara, cuántas veces acababa desesperada, cuántas veces quise llamar su atención, para nada, cuántas veces me arrastré, pero no valió para nada.
Ahora he aprendido a valorarme, he aprendido la lección, no sé si fue amor, o quizá terror, pero me hice fuerte ¿sabes? Ahora mi corazón se arregló, nadie podrá derrotarme, pues hice una barrera contra el dolor.
Fdo: Lara